10 de diciembre de 2013

Probando Estilos.

- La idea de este post la tuve mientras leía Vivir para contarla. Es que de verdad verdad, hay luego una parte identica donde gabito le pregunta a su papa que onda con el noviazgo de su hermana rita. Pero aqui esta mi version.

No habré de olvidar el preciso momento en que tuve que interceder por mi hermana a la hora de  que Papá acepte aquel noviazgo que pare él no tenía ningún futuro.
Eran las ocho y media de la tarde cuando me dispuse a preparar el refresco en polvo que mi papa acompañaba con las tortillas de harina, queso Paraguay  y huevos caseros que mi mamá preparaba con tanta delicadeza. Qué derecho tenía yo para discutir con un adulto sobre con quien podría festejar mi hermana, era apenas un niño de siete años. Charlatán como quien manda y con una lucidez tan inverosímil que las señoras el barrio se pasaban haciéndome preguntas del crucigrama y yo respondía con cualquier palabra del diccionario Larousse a todo color. Nunca estaba seguro de que si lo que decía fuese verdad o mentira, pero lo decía con tanta firmeza que me le creían.
Mi Papá es hasta ahora un tipo serio. Todos los pretendientes de mi hermana llegaban aterrorizados a casa con la intención de hablar con él para pedir permiso. Muchos de ellos no lograron pasar del saludo militar con el ceño fruncido de mi papa. La verdad es que él siempre lo hacía para probar a aquellos novillos y si lograban pasar el temor de un suegro cuya apariencia denotaba seriedad y uno siempre tenía miedo de decir cualquier estupidez y ligar una trompada.
Siempre fue lo mismo, hasta que mi hermana después de no haber mencionado pretendiente alguno por mucho tiempo. En medio de la comida familiar de las doce del mediodía, a sorpresa de todos, tomo la palabra y exclamo: Me gusta un chico, y me gusta de verdad – Todos quedamos estupefactos con la revelación de la hermana. Papa la llamo al cuarto mayor para hablar con ella. No tengo idea de que hablaron, pero de lo que estaba seguro era el rotundo NO que recibió mi hermana al pedir permiso de poder estar de novios con aquel muchacho desconocido. Después de mucho tiempo creo que Mamá era la única que sabía de su existencia en aquel entonces.
Y sí, eran las ocho y media. Después de la cena ya con mi papa alegre por tener la barriga llena le pregunte de lleno: ¿Qué pasa con el novillo de mi hermana?- Pasa que no conozco familia suya ni sé de dónde y con qué intenciones viene – me respondió. Pero Papá, mi hermana nunca había hablado de hombre alguno con tanta firmeza desde que llego de su viaje – le dije – Es más, por qué no le dices a mi hermana que lo llame y así lo conocemos y ves si tiene pinta de buen esposo. – Tampoco para tanto, che ra’y, tu hermana ni sabe cocinar todavía. Si no la casábamos mañana a primera hora si confirmábamos que el novillo es buen tipo. – dijo papa ya sonriendo de oreja a oreja.
El problema era que teníamos que esperar 5 meses para que el muchacho en cuestión apareciera. Y cuando llego el momento la historia se puso mucho más interesante. Pero eso ya va en otro post.

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